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Bob Dylan, Bob Johnston, Charlie McCoy, Clinton Heylin, Johnny Cash, Kenny Buttrey, Nashville Skyline
Here-in is a hell of a poet. And lots of other things. Johnny Cash, en la contraportada de “Nashville skyline”.
“Insípido, lleno de clichés sureños”, “Uno no puede evitar tener la sensación que falta algo”… así saludaba el crítico Clinton Heylin la publicación en mayo de 1969 del álbum de Bob Dylan “Nashville Skyline”. Ed Ochs, de Billboard, tampoco se quedaba atrás: “El hombre satisfecho habla en clichés, y se ruboriza como si todos los días fueran San Valentín”. Otros, como Paul Nelson en Rolling Stone, preferían imbuirse del espíritu festivo y casi infantil del disco y escribían: “Dylan alcanza el imposible artístico: un profundo, humano e interesante estamento sobre la felicidad. Podría ser… su mejor álbum.”. Como vemos, la decidida y consciente mutación del bardo en crooner country no dejó indiferente a nadie, y tampoco al público norteamericano, que aupó el disco al número 3 de las listas en su primera semana de publicación.
Sesiones en los estudios de Columbia.
Las canciones de “Nashville Skyline” reflejan el relax vivido en el estudio y las modestas ambiciones de Dylan para con el álbum, generando una ética de trabajo que volvería a desarrollar en futuros proyectos: “simplemente tomamos una canción, la tocaba y el resto de músicos la adornaban“, dijo. “Al mismo tiempo que hacíamos eso, había alguien en la sala de control que le daba el sonido adecuado.”
Padre de familia.
Sin embargo, todo el mundo sabe que esas sentencias tan simplistas esconden mucho más de lo que Dylan quiere dar a entender. En 1969, la paternidad de sus tres hijos y su matrimonio con Sara habían cambiado drásticamente las necesidades del hombre: los altercados con los seguidores que invadían su casa y el constante acoso de la prensa obligaron a Dylan a olvidarse de Dylan: “Yo no era el niño bonito de ninguna generación”, escribe en Chronicles “y esa noción debía ser pulida desde sus inicios”.
No es una nueva voz, es que he dejado de fumar.
Con esta dylaniana afirmación explicaba Bob la sorpresiva nueva voz -lisa y suave- que flotaba sobre las canciones de “Nashville skyline”, grabado en varias sesiones a lo largo de febrero de 1969 en el Columbia Studia A de Nashville. Allí se habían recluido Bob y una banda organizada para la ocasión por el productor local Bob Johnston, y que contaba con Kenny Buttrey, Charlie McCoy, Charlie Daniels, Norman Blake y Pete Drake, todos musicos locales avezados en cientos de sesiones nashvillianas. Porque eso es lo que iba a hacer Dylan en Nashville: acabar lo esbozado en su anterior “John Wesley Harding” y grabar de una vez por todas lo que él entendía por un disco country.
La cosa empezó, en lo empresarial, por la creación de Big Sky Music, una editora que a partir de ese momento publicaría las nuevas canciones dylanianas, en lugar de la habitual Big Dwarf Music controlada por su entonces representante Albert Grossman. En lo musical, el detonante fue la composición de “Lay lady lay”, el último grabado en aquellas sesiones y a la postre, el tema más exitoso del disco. Originalmente, se trataba de un encargo para “Cowboy de medianoche”, la famosa peli con Dustin Hoffman y el otro colgado haciendo de harapientos buscavidas en Nueva York. Bob no la entregó a tiempo y el director John Schlesinger acabó usando el tema de Fred Neil, “Everybody´s talkin´”. El particular sonido de “Lay…” se creó en parte de forma casual, después de que el batería Kenney Buttrey le preguntara a Bob cómo sonaba en su cabeza la parte de la batería. “Bongos”, contestó Dylan con la mirada perdida.
Buttrey y el productor Bob Johnston idearon entonces un set de percusión que incluía un cencerro roto (yes! more cowbell!) y un par de bongos baratos que, durante la grabación, fueron sujetados por el portero del edificio, a la sazón un joven llamado Kris Kristofferson. Sin haber realizado ningún ensayo, la banda se lanzó sobre la canción y Dylan, en una sola toma, cantó el seductor texto de “Lay lady lay” con su nueva voz de cantante melódico. Si por nuestro hombre hubiese sido, la canción habría quedado enterrada, pero Clive Davis, el supervisor designado por Columbia para ese disco, decidió que aquello iba a ser, muy a pesar de Bob, el último gran éxito de Dylan en los años sesenta.
Con la banda, en el Cali bar.
Hubo muchas otros momentos similares durante aquellas sesiones de febrero del 69. Canciones que se completaron a la primera (“I threw it all away”, “Peggy day”, “Country pie”) y otras que necesitaron de once intentos, como “Tonight I’ll be staying here with you”, que fue compuesta por Bob durante su día de descanso. Es cierto que Dylan necesitaba de esa “nueva voz” porque, joder, no se podía cantar algo tan ligero como “Country pie” con la misma raspy voice de “Like a rolling stone”. Bob atribuyó su nueva voz a la ausencia de cigarrillos, si bien varios amigos y familiares recordaron que el hombre ya cantaba así durante sus actuaciones como adolescente en Minneapolis y en el Purple Onion de Saint Paul durante el invierno y la primavera de 1960.
Es curioso esto. Bob Dylan, el rebelde, el díscolo, la voz de los años 60, el profeta de su generación, acaba la década que le alumbró renunciando a sí mismo y convertido en un modélico cantante country light.
¿Yo? ¿Canciones country?
A finales de aquel 1969, Dylan concedió una HISTÓRICA entrevista a Jann Wenner de Rolling Stone. Es aquí donde habla de dejar de fumar y de tener a alguien al otro lado de la cabina para apretar botones (“Tom Wilson era el que siempre estaba allí. No recuerdo muy bien porqué, pero un día miro, y ya no estaba. Estaba Bob, Bob Johnston”). En esta charla, Dylan detalla el porqué del título del disco:
- La verdad es que siempre me gusta vincular el nombre del álbum con alguna canción, pero está claro que no podía titular el álbum “Lay, lady, lay”, a pesar de que alguien apuntó esa posibilidad. No obtuvieron mi voto, pero también se planteó “Peggy day”… “Lay, Peggy day”.. esa también. Salieron muchas cosas: “Tonight I´ll be stayin here with Peggy Day”. Ése fue otro. O “Tell me that it isn´t Peggy Day”. Algunos títulos no parecían encajar. “Girl from the north country”. Ese tampoco encajaba. Imagíname en la portada sosteniendo una guitarra y la leyenda “Girl from the north country” impresa encima (risas).
- ¿Porqué abandonaste la ciudad y las canciones de ciudad por el campo y las canciones country? - ¿Canciones country?
A mí, personalmente, me parece que Dylan sabía muy bien lo que estaba haciendo: ¿Que iban a pensar todos los consumidores de música, sí, country -ese mundo tan cerrado en el que pensaba introducirse- sobre aquellas canciones que hablaban de.. eeeer… pasteles, cantadas con la misma voz que utilizó en la Sagrada Trilogía Eléctrica?. Bob decidió que, para tragar la medicina, nada mejor que una smooth voice heredada de Hank Thompson o de Louvin Brothers, por poner un ejemplo. Y también pensó que, para entrar en la famiglia, nada mejor que alguien que le introdujera adecuadamente. Lo que viene siendo… un padrino.
Amigos, os presento a este tipo.
(CONTINUARÄ)

Don vito said:
Eh, bonito el nuevo diseño, joven carroza. Mañana nos vemos.
Cowboy Iscariot said:
Siempre me fascinó Sara Dylan, esa mezcla insólita de dama oscura, mujer de su casa y conejita playboy… En fin. Muy buena, por cierto, esa entrevista que te hicieron en KAPUT, jajajajaj. UN ABRAZO. Fuck Wilco. Ah, y échale un vistazo a BEN SALTER (acabo de colgar una entrevista). El tipo es bueno.
joseregidor said:
y no es eso lo que todos queremos?