En el día después del día de la mujer trabajadora, Steve Miller tiene una petición para vosotras, chicas: seguid rockeándole. Lo lleva diciendo desde 1976, fecha de publicación de su disco “Fly like an eagle”, en el que se encuentra este infeccioso temazo cuya melodía me asalta -a veces- cuando estoy en la cola del supermercado. No dejéis que su incontestable parecido con Russell Crowe os desvíe del camino. Miller rockea y quiere ser rockeado, aunque sea copiando el riff de “All right now”. Hell yeah.
En cuanto a la letra, no hay mucho que explicar. Al final de la canción, Stevie anda tan desesperado por pillar que va “desde Phoenix, Arizona, todo el camino hasta Tacoma, Philadelphia, Atlanta, L.A.”. Eso, en términos de emisiones de CO2, es un escándalo, Stevie, muchacho.
Bueno, a lo mejor soy un mal pensado y todo ese trayecto lo ha realizado en bicicleta, pero lo dudo porque, años más tarde, Steve Miller publicó la canción… ¡”Jet Airliner”!
Nada como un soleado sábado por la mañana con las ventanas abiertas y la voz de Lou Rawls escapándose hasta la calle. Me ha costado elegir sólo una canción de este negro de Chicago, amigo de la infancia de Sam Cooke, favorito de Sinatra y vendedor de 40 millones de discos sumamente horteras llegados los años 70 y 80.
Antes de todo eso, en el 62, Lou y la banda de Onzy Matthews grabaron en Los Angeles este fabuloso “I´d rather drink muddy water”, que formaba parte de su tercer disco, “Black and blue”, y en la que el fulano de Lou viene a decirnos que prefiere morir envenenado a pasar un minuto más contigo. Más o menos. Todo acompañado del formidable grooooove de Richard Holmes al órgano.
¿Dije una sóla canción? Nah. Mentí. Debajo de “Muddy Water”, podéis ver a Lou Rawls cantando el alfabeto en Barrio Sésamo. Osea. Lo máximo.
Todos estamos de acuerdo en calificar el video de Johnny Cash,”Hurt”, como uno de los momentos más “impressive” de la historia del rock. n roll. No hace falta recordar lo que en ese clip sucede y las circunstancias que hasta alli llevaron al hombre de negro son de sobra conocidas. Es algo tremendo de ver y ya está.
Aquí tenemos otro de esos asombrosos “momentos”. Elizabeth Cotten, niñera de Pete y Mike Seeger, desarrolladora de un método único para tocar una guitarra normal siendo zurdo y figura más o menos capital del folk femenino del siglo XX, tocando -a mediados de los 80- una canción que compuso cuando tenía… 11 años.
No voy a andar copypasteando de la wikipedia ni contando ahora lo que significa para mi -y para Bob Dylan :)- su disco recopilatorio “Shake sugaree” publicado por Folkways Records. Sit back. Relax. Let there be magic.
En realidad, no quería poner esta canción. Estaba buscando “There´s more pretty girls than one”, que es la iba escuchando ayer en repeat durante un breve trayecto de autobús urbano. En youtube no existe o yo no lo ha encontrado, que también pudiera ser. Aunque sí he localizado esta extraordinaria versión de Lyle Lovett.
Anyway, “There´s more…” es una de las canciones emblema de Arthur Smith, figura capital para entender la transición del rollo old timey al bluegrass de-toda-la-vida. Nuestro hombre, nacido en Bold Springs, Tennessee, y casado desde los 16 años, compaginó durante toda su vida su carrera musical con su trabajo en el ferrocarril. Ni las constantes apariciones en el Opry ni su breve paso por Hollywood para salir en algunos cowboy-musicals de bajo presupuesto le apartaron de su verdadero curro y de su otra verdadera afición además del fiddle: darle al bebercio como un vikingo.
De uno de esos westerns rescato esta mayestática interpretación de “Orange Blossom Special”. Ojo al berrido de Arthur al comenzar la primera estrofa -yeah, holler- y a la formidable manera de emular con el violín el silbato de la locomotora que se acerca.
Escrita por otro fulano en 1937, Arthur canta en esta versión recortada de “The Special” al tren de pasajeros que unía Nueva York con las playas de Florida, como metáfora de una vida mejor sin tanto de qué preocuparse más que de el amor y el asunto sessuarl: “porque cuando se trata de viajar, ella es la locomotora más rápida que hay”.
Escuché por primera vez esta canción en el debut de Bonnie Raitt -nueve grammys en 1971, tíos, una cosa formidable- y me fascinó la letra, pero hasta hace poco no me había dado por investigar quién era esa tal Sippie Wallace que firmaba en los créditos. Y cuando lo hice, descubrí a una perfomer espectacular, en la estela misma de Ma Rainey o Alberta Hunter, que comenzó a cantar allá por el lejanísmo 1910, que sale en algún disco de los Hot 5 de Louis Armstrong, que abandonó su carrera durante treinta años para ocuparse de las cosas de la iglesia, que reapareció a finales de los 60 de la mano de otra grande, Victoria Spivey, que obtuvo cierta fama gracias al apoyo de sí, Bonnie Raitt, y que llegó a publicar un álbum de despedida en… 1982, ¡70 años después de su debut!.
En este “Women be wise”, Sippie advierte a las mujeres de su época que no es bueno ir por ahí presumiendo de marido, porque alguna loba podría birlártelo. Ya se sabe, good men are hard to find. Go Sippie!
Probablemente una de las entradas más exitosas de este blog fue esta: el descubrimiento de la filmación de “Jokerman” en el Show de David Letterman allá el año 1984, con aquella banda de circunstancias que resultó ser uno de los momentos más chispeantes en la carrera del hombre. Excitación y (des)información se daban la mano en unos comentarios más allá de lo dylanianamente razonable, y todos nos moríamos por poder ver algún días las tres canciones que Dylan interpretó aquella tarde. Pues bien, colegas, LA ESPERA HA TERMINADO.
Here-in is a hell of a poet.And lots of other things.
Johnny Cash, en la contraportada de “Nashville skyline”.
“Insípido, lleno de clichés sureños”, “Uno no puede evitar tener la sensación que falta algo”… así saludaba el crítico Clinton Heylin la publicación en mayo de 1969 del álbum de Bob Dylan “Nashville Skyline”. Ed Ochs, de Billboard, tampoco se quedaba atrás: “El hombre satisfecho habla en clichés, y se ruboriza como si todos los días fueran San Valentín”. Otros, como Paul Nelson en Rolling Stone, preferían imbuirse del espíritu festivo y casi infantil del disco y escribían: “Dylan alcanza el imposible artístico: un profundo, humano e interesante estamento sobre la felicidad. Podría ser… su mejor álbum.”. Como vemos, la decidida y consciente mutación del bardo en crooner country no dejó indiferente a nadie, y tampoco al público norteamericano, que aupó el disco al número 3 de las listas en su primera semana de publicación.
Sesiones en los estudios de Columbia.
Las canciones de “Nashville Skyline” reflejan el relax vivido en el estudio y las modestas ambiciones de Dylan para con el álbum, generando una ética de trabajo que volvería a desarrollar en futuros proyectos: “simplemente tomamos una canción, la tocaba y el resto de músicos la adornaban“, dijo. “Al mismo tiempo que hacíamos eso, había alguien en la sala de control que le daba el sonido adecuado.”
Padre de familia.
Sin embargo, todo el mundo sabe que esas sentencias tan simplistas esconden mucho más de lo que Dylan quiere dar a entender. En 1969, la paternidad de sus tres hijos y su matrimonio con Sara habían cambiado drásticamente las necesidades del hombre: los altercados con los seguidores que invadían su casa y el constante acoso de la prensa obligaron a Dylan a olvidarse de Dylan: “Yo no era el niño bonito de ninguna generación”, escribe en Chronicles“y esa noción debía ser pulida desde sus inicios”.
No es una nueva voz, es que he dejado de fumar.
Con esta dylaniana afirmación explicaba Bob la sorpresiva nueva voz -lisa y suave- que flotaba sobre las canciones de “Nashville skyline”, grabado en varias sesiones a lo largo de febrero de 1969 en el Columbia Studia A de Nashville. Allí se habían recluido Bob y una banda organizada para la ocasión por el productor local Bob Johnston, y que contaba con Kenny Buttrey, Charlie McCoy, Charlie Daniels, Norman Blake y Pete Drake, todos musicos locales avezados en cientos de sesiones nashvillianas. Porque eso es lo que iba a hacer Dylan en Nashville: acabar lo esbozado en su anterior “John Wesley Harding” y grabar de una vez por todas lo que él entendía por un disco country.
La cosa empezó, en lo empresarial, por la creación de Big Sky Music, una editora que a partir de ese momento publicaría las nuevas canciones dylanianas, en lugar de la habitual Big Dwarf Music controlada por su entonces representante Albert Grossman. En lo musical, el detonante fue la composición de “Lay lady lay”, el último grabado en aquellas sesiones y a la postre, el tema más exitoso del disco. Originalmente, se trataba de un encargo para “Cowboy de medianoche”, la famosa peli con Dustin Hoffman y el otro colgado haciendo de harapientos buscavidas en Nueva York. Bob no la entregó a tiempo y el director John Schlesinger acabó usando el tema de Fred Neil, “Everybody´s talkin´”. El particular sonido de “Lay…” se creó en parte de forma casual, después de que el batería Kenney Buttrey le preguntara a Bob cómo sonaba en su cabeza la parte de la batería. “Bongos”, contestó Dylan con la mirada perdida.
Buttrey y el productor Bob Johnston idearon entonces un set de percusión que incluía un cencerro roto (yes! more cowbell!) y un par de bongos baratos que, durante la grabación, fueron sujetados por el portero del edificio, a la sazón un joven llamado Kris Kristofferson. Sin haber realizado ningún ensayo, la banda se lanzó sobre la canción y Dylan, en una sola toma, cantó el seductor texto de “Lay lady lay” con su nueva voz de cantante melódico. Si por nuestro hombre hubiese sido, la canción habría quedado enterrada, pero Clive Davis, el supervisor designado por Columbia para ese disco, decidió que aquello iba a ser, muy a pesar de Bob, el último gran éxito de Dylan en los años sesenta.
Con la banda, en el Cali bar.
Hubo muchas otros momentos similares durante aquellas sesiones de febrero del 69. Canciones que se completaron a la primera (“I threw it all away”, “Peggy day”, “Country pie”) y otras que necesitaron de once intentos, como “Tonight I’ll be staying here with you”, que fue compuesta por Bob durante su día de descanso. Es cierto que Dylan necesitaba de esa “nueva voz” porque, joder, no se podía cantar algo tan ligero como “Country pie” con la misma raspy voice de “Like a rolling stone”. Bob atribuyó su nueva voz a la ausencia de cigarrillos, si bien varios amigos y familiares recordaron que el hombre ya cantaba así durante sus actuaciones como adolescente en Minneapolis y en el Purple Onion de Saint Paul durante el invierno y la primavera de 1960.
Es curioso esto. Bob Dylan, el rebelde, el díscolo, la voz de los años 60, el profeta de su generación, acaba la década que le alumbró renunciando a sí mismo y convertido en un modélico cantante country light.
¿Yo? ¿Canciones country?
A finales de aquel 1969, Dylan concedió una HISTÓRICA entrevista a Jann Wenner de Rolling Stone. Es aquí donde habla de dejar de fumar y de tener a alguien al otro lado de la cabina para apretar botones (“Tom Wilson era el que siempre estaba allí. No recuerdo muy bien porqué, pero un día miro, y ya no estaba. Estaba Bob, Bob Johnston”). En esta charla, Dylan detalla el porqué del título del disco:
- La verdad es que siempre me gusta vincular el nombre del álbum con alguna canción, pero está claro que no podía titular el álbum “Lay, lady, lay”, a pesar de que alguien apuntó esa posibilidad. No obtuvieron mi voto, pero también se planteó “Peggy day”… “Lay, Peggy day”.. esa también. Salieron muchas cosas: “Tonight I´ll be stayin here with Peggy Day”. Ése fue otro. O “Tell me that it isn´t Peggy Day”. Algunos títulos no parecían encajar. “Girl from the north country”. Ese tampoco encajaba. Imagíname en la portada sosteniendo una guitarra y la leyenda “Girl from the north country” impresa encima (risas).
- ¿Porqué abandonaste la ciudad y las canciones de ciudad por el campo y las canciones country? - ¿Canciones country?
A mí, personalmente, me parece que Dylan sabía muy bien lo que estaba haciendo: ¿Que iban a pensar todos los consumidores de música, sí, country -ese mundo tan cerrado en el que pensaba introducirse- sobre aquellas canciones que hablaban de.. eeeer… pasteles, cantadas con la misma voz que utilizó en la Sagrada Trilogía Eléctrica?. Bob decidió que, para tragar la medicina, nada mejor que una smooth voice heredada de Hank Thompson o de Louvin Brothers, por poner un ejemplo. Y también pensó que, para entrar en la famiglia, nada mejor que alguien que le introdujera adecuadamente. Lo que viene siendo… un padrino.
Anoche estuve viendo algunos momentos del Dean Martin Celebrity Roast, una especie de continuación del clásico Dean Martin Show de la NBC en los 70. La mecánica era simple: varias estrellas invitadas poníendose a caldo unas a otras con todo el ingenio y la mala leche posible. Ronald Reagan, Wilt Chamberlain, Truman Capote o Mohammed Ali se prestaron al juego durante años, y están todos bastante cachondos al lado de un Dino que no para de beber y fumar en el plató. En esta secuencia, Don Rickles hace SANGRE con los fulanos que tiene a su vera.
Una buena tarde, ayer domingo: pasta a la putanesca (perdón!) decentemente conseguida para comer, Sun Ra al piano en La Fenice, “Boomer´story” de Ry Cooder, “Blue River” de Eric Andersen, las últimas páginas de “Zeitoun” de Dave Eggers, bacalao dourada para cenar y finalmente el Barça retransmitido en arameo o algo similiar. Y luego el puto lunes.