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Esta semana ha sido la semana post-The Wall en Madrid y Barcelona. El circo de Roger Waters llegó a Spain para solaz y descacharramiento de los cuarentis de este país, desparramando un tsumami de epítetos a cual más hiperbólico que inunda los foros, los posts, las entradas y los hilos del ciberspacio hispano. Me parecería todo muy bien si no fuera porque le he echado un ojo a una grabación del mismo show acaecida tres meses atrás y no es que no haya podido terminar de verla, es que el deja vu anacrónico ha sido importante.
No voy a negar que The Wall fue el santo grial de mi tardo-adolescencia y que me sé las canciones de memoria como todavía me sé la lista de las preposiciones o la tabla de multiplicar del 8. Pero este concepto zooropeado del muro, con mensajitos anti-bélicos proyectados a todo trapo, imágenes de niños etiopes, sonidos de helicópteros en sensorround y muñecos hinchables bigger than Jesus no es que me recuerde a un Zoo Tv meets “El infierno blanco de Piz Palü” sino que tiene de vigente lo que yo de pivot balcánico: las guerras ya no son así, los hilos del mundo ya no se manejan así, los profesores ya no pueden levantarle la mano a los alumnos y el concepto de estrella de rock amoratada y alienada como Pink, acabó aquél día en el invernadero de Kurt Cobain. Además, me encanta estar en desacuerdo con siete millones de personas que, oh-que-casualidad, piensan todas igual y se han quedado todas igual de abobadas. Si eso es lo que se pretendía, pues mira, paradoja conseguida!.
Pero qué coño. Mientras andaba viendo eso y comiendo corporativas patatas fritas “artesanales”, mi mujer -que andaba a lo suyo en otra computadora- levantó la cabeza y soltó un evidente “vaya música chunga que me tienes puesta, hijo”. La clarividencia de las mujeres en estas lides no tiene parangón: el Muro es chungo. Tal cual. Y si les gustó, lo mismo tienen suerte y reponen Jesucristo Superstar. O Hair.
Lo que también deja regusto de chunguez ha sido la perfomance del Regal Barca en esta serie contra el Panathinaikos. El partido, vistos los precedentes, volvía pintar mal, pero la noche pintaba bien, como puede apreciarse en la foto adjunta: dos pantallas, papeo, vino y la mejor compañía. Un montaje que ni Pink Floyd en Pompeya. Al fondo, el Madrid – Power Electronics Valencia al que no hicimos ningún caso porque le pueden dar por culo al Madrid los partidos anteriores habían sido una turra de mucho cuidado.
Consumada pues la cena y la eliminatoria, me fui a la cama con varias preguntas que no me dejaron dormir hasta que esta mañana ha sonado el despertador con su violento PIN!-PIN!-PIN!-PIN! como sacado de una escena de Psicosis.
• Diamantidis se parece mucho a alguien. A alguien que conozco, pero ¿a quién? Odio cuando me pasa eso.
• Morris hizo un reverso estratosférico a la velocidad de luz dentro de la zona en el último cuarto. ¿Por qué no juega más?
• ¿De dónde ha salido Anderson? Osea, ¿quién ha enseñado el juego a ese hombre?. ¿Y por qué, de pronto, todos los sistemas acaban en él?
• ¿Porqué ya no progresa adecuadamente Ricky Rubio? ¿Es su culpa?
Y lo más importante:
• Ha sido muy frustrante ver a Navarro darse de cabezazos una y otra vez contra el muro heleno, los árbitros y hasta contra sí mismo: sólo, enfurruscado, perdido, anulado. ¿Ha empezado la cuesta abajo del 7 de España y está sufriendo un alarmante proceso de raulización?
Todas estas cuestiones y algunas otras -como el hecho incontestable que linka los genes de Joe Arlauckas con los del Salvatore de “El nombre de la rosa”- surgieron al calor del edredón nórdico, y aunque ha amanecido un día cristalino, siguen sin respuesta. En mi opinión, el Barca ha perdido la eliminatoria ellos solos. Ni Obradovic ni pollas. A ver si ahora no vamos a ser capaces de ganarle a la destestable selección griega con Fotsis, Tsartariss, el horrendo Calathes y cuatro homosexuales más. Diamantidis aparte, claro. Ese buen fulano me maravilla con su manejo actual. El tipo se limita a trotar por el campo a velocidad de crucero, sin aspavientos y sin tontunas, dejando atrás a Rubio, Sada o el mismo Grimau con la facilidad de quién se pela una mandarina. Diamantidis reigns. Y ya que no va a estar Teodosic en la Final Ful, que se vaya haciendo la foto para el Fifa World Player.
